Tras realizar el Camino Francés (Sarria-Santiago) y a pesar de los inconvenientes, me engancho a esto del Camino, y me doy de alta en la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Sevilla.
En las reuniones, con mis amigos y en la empresa, a todos les doy el coñazo con eso del Camino, y claro ya me hago muy pesado, lo que en Sevilla se le llama UN JARTIBLE.
Y me planteo el reto de hacer el Camino desde mi casa, lo que supondría un total de unos 1.006 km, desde Catedral de Sevilla a Catedral de Santiago, más de mi casa a la Catedral.
En definitiva pasar de un Camino corto de algo más de 100 km a algo más de 1.000 km, de un Camino muy transitado, las últimas etapas son una romería, demasiada gente, de un Camino acompañado a uno en solitario. Es decir todo lo contrario.
En 2.014 aún trabajaba, por lo que me planteo ir haciendo el Camino poco a poco, la compañía de autobuses ALSA me la conocí muy bien.
Seguía con los problemas en los pies, una fascitis plantar que me trataron varios médicos, fisioterapeutas, distintas técnicas, algunas muy dolorosas con descargas eléctricas, un suplicio.
Las botas Panama Jack pasaron a mejor vida, se las done a mi hijo, y claro conforme iba uno leyendo y en contacto con más peregrinos, todos me decían que cómo se me había ocurrido.
Dos cuestiones importantes sobre los pies: Los pies con los kilómetros crecen, y en un caminata de 25 km, crecen muchísimo. Los pies aunque pienses que no, sudan, y eso hace que se reblandezcan, y esto provoca ampollas.
Sabiendo todo esto ¿solucioné los problemas?, pues NO, pero desde luego disminuyeron, y ya al final del Camino Via de la Plata, el tramo que fue de Puebla de Sanabria a Santiago, por fin conocí mi cuerpo y mis pies, y no tuve ningún problema, una delicia.
Además en ese tramo, por fin me hicieron efecto unas plantillas para solucionar la fascitis, y desaparecieron los dolores.
Usaba una talla 41 de zapatos, y esa era la talla de las Panamá. Después pasé a usar mis antiguas zapatillas, y claro era un alivio, pero también eran tallas 41, y por tanto cuando llevaba algunos días también eran un suplicio
Finalmente pase a unas zapatillas de media caña, botas, por supuesto nada de cuero, talla 43. Pero durante cientos de kilómetros continuaron las ampollas, pero nada que ver con el final del primer camino.
La Asociación de Amigos del Camino de Sevilla durante la primavera y el otoño realizó una serie de salidas, de un día. Salíamos en un autobús hasta el inicio de la etapa, y nos recogían al final.
Además, por mi cuenta hacía algunas etapas, dos o tres días, aprovechando algún festivo.
Esta forma de hacer el Camino no es la más adecuada, porque el cuerpo necesita unos cinco días para entrar en modo rutina, y así se acostumbran los músculos, que algunos los he descubierto ahora. Lo mejor es, si no puedes hacerlo del tirón, al menos entre 10 y 15 días.
El Camino Via de la Plata se suele hacer en unos 34 o 35 días, yo lo hice en 46, y durante los años 2.014 (el 13 de octubre fue el inicio) y 2.015 (llegué un 16 de noviembre).
En las próximas entradas iré documentado ese camino, pero no en 46 entradas, las iré agrupando.
Como quiera que durante muchos meses no podía andar mucho, me compré una bicicleta de paseo, para intentar no perder algo de la forma que había adquirido, y eso fue otro descubrimiento, que después lo llevé al camino, y me convertí en un bicigrino.
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